jueves, 17 de julio de 2014

Una tierra de Gigantes

Se da fin a una de las mejores experiencias que he tenido a lo largo de mi vida. Una experiencia donde se aprendió más de lo que se enseñó, donde personas con el corazón gigante como una región llena de San Pedro, donde su himno es un Bambuco y donde el acento no deja de ser reconocido, deja atrás el regionalismo y acogen con el mayor cariño a siete rolos que como Job el cual a pesar de los inconvenientes fueron a dar lo mejor de ellos para sacar una misión con la que se soñaba desde hace mucho. 

¿Qué como me fue? ¿Qué quq hice? ¿Qué que enseñé? Fue una experiencia que en mi vida había realizado, tal vez por miedo tal vez por otras personas pero yo creo que todo tiene una hora, una fecha y un día de realización y creo que me llegó el día D. Ir a la tierra de la gran jarra de jugo Cholupa, de Chuchas, de desechos, de arepazos y de un puente colgante al que con seguridad pasa una moto y no se cae.

Aprendí más de lo que enseñé; más allá de Leyes de Newton, movimiento armónico simple, movimiento circular uniforme (Donde inexplicablemente me entendían más a mi que a un profesional de matemáticas y física que llevaba más de 20 años en la profesión) etc, me queda el amor por la tierra donde uno nace, el saber que uno mismo tiene que cuidar y defender a capa y espada la región que a uno lo ve nacer, que no se necesita vivir en una gran capital cosmopolita para tener todo lo que uno necesita y para ser feliz, las ganas de aprender y luchar por los sueños que uno tiene para su futuro, el ir paso a paso por el camino que Dios le tiene dispuesto a uno, la práctica de “Todo Lasallista es mi hermano” en un colegio enorme donde uno se pierde cuando busca la sala múltiple pero que al preguntar siempre van a tener la cálidez de dar indicaciones para llegar. Me queda en el alma un pedacito de cada una de esas personas con las que acompañé y me acompañaron.

Gracias Paulas, Lauras, Rosa, Dania, Chucho, Jonathan y todas las personas que estuvieron ahí por permitirme entender que la vida siempre se debe tomar por su lado lindo, que hay que luchar por los sueños, que el que persevera siempre alcanza, que no hay que ir en la vida como un ente que solo va y vuelve sino como alguien que deja huella, una huella en el corazón imborrable como me la dejaron ustedes.

Gracias Datil, Oscar, Aleja, Juancho, Diego y Ruben por darme la confianza de tener un equipo de trabajo excelente, por las risas en cada comida, por el parqués de las noches, por las cervezas tomadas, por los ridículos hechos, por las noches preparando clase. Un equipo como ustedes no se encuentra en cada misión y me siento tan feliz y tan lleno de que tuve la oportunidad de conocerlos un poquito más a cada uno de ustedes.

Gracias a Dios por permitirme vivir esta experiencia, por darme la sabiduría y el don de la palabra para poder llegar a ellos con un poco de física aún sabiendo que no me gusta y que a veces poco la entiendo, por permitirme conocer una hermosa región de Colombia que no conocía, las bellas tierras huilenses.

Finalmente se acaba esta hermosa misión lasallista académica y simplemente me queda por decir GRACIAS por hacerme crecer un poco más como persona y como Colombiano que soy, me llevo más de lo que dejó, y, que el luchar por los sueños no sea una obligación sino un anhelo que tengamos cada uno de nosotros para ayudar no solo a nuestras familias sino a nuestra tierra.

Muchachos sean la semilla que van plantando en el río de la vida, van a ver que siempre dará buenos frutos, siempre de la mano de Dios y para adelante.

Santiago Calvo Martinez
Grupo Lazos ITC

Una experiencia inolvidable

GIGANTE

Gigante, enorme experiencia la que acaba de finalizar, pero como todo lo bueno no dura para siempre…. No me acababa de subir al carro que me iba a llevar hasta Neiva, cuando ya me estaba bajando del taxi que me dejaba nuevamente en mi casa; una experiencia bastante corta pero sustanciosa. Sí, corta, hubiese querido que durara unos cuantos días más. Sí, sustanciosa, pero en poco tiempo me quedan muchísimas enseñanzas y momentos que hacen de esta una experiencia inolvidable.

No era mi primera misión, pero sí la primera que afronto como tal. A lo mejor tuve que pasar por experiencias no tan gratas pero que sí dejan un legado importante, como se dice popularmente de los errores se aprende; y el universo conspiro para en esta oportunidad reivindicarme como persona, como compañero de misión y lo más importante: como pastoralista. Es extraño, pero después de más de un año de ser parte del grupo Lazos, empiezo a entender lo que es pertenecer a esta gran comunidad, mi verdadero rol en el grupo y lo más importante: empiezo a darme cuenta lo mucho que tengo para aportar.

La mejor manera de aprender es enseñar, me dijeron en alguna ocasión en clase de la universidad; curioso es ir a dar unas sesiones de clase y que al finalizar estas sesiones sentir que el que aprendió más fui yo. Estamos tan acostumbrados a la vida monótona de la gran Bogotá que jamás le damos el verdadero valor a las cosas que tenemos, aún me cuestiono sobre el sentido de pertenencia de los bogotanos para con nuestra ciudad, para con nuestro país (vivimos en un mundo aparte, nos encerramos en una burbuja, nos hacemos creer que los problemas del país son de otros y que jamás nos van a afectar) tenemos todo tan servido en la mano que no valoramos el esfuerzo que realizan las personas (nuestros padres) para poder darnos lo que tenemos y aun así no nos basta pues siempre queremos más. Aunque parezca increíble esto es tan solo un abre bocas de todo lo que me queda de esta misión, y espero no se quede en palabras, espero desde este mismo instante poder poner en practica todo lo aprendido.

Solo me queda agradecer, primero, a mis compañeros de misión por permitirme ser parte de esta inolvidable experiencia: Alejandra, Oscar, Daniel, Rubén, Juancho y Santiago; sin todos ustedes todo esto hubiese sido diferente (y a lo mejor no hubiese sido tan gratificante ni provechoso), gracias porque cada uno de ustedes aporto su granito de arena para seguir este proceso como pastoralista que, en mi caso, hasta ahora empieza. Segundo, agradecer a todos los estudiantes de la Escuela Normal Superior de Gigante, quienes no solo se abrieron con nosotros para aprender, sino que nos permitieron entrar un poco en sus vidas, hacernos sentir importantes y que este trabajo realmente vale la pena, mil gracias pues en primera medida son ustedes quienes me motivan a seguir haciendo esta labor. Espero algo les haya quedado de todo lo que les dije y haya logrado aportar a todos y cada uno de esos proyectos de vida.

No recuerdo cuando fue la última vez que sentí nostalgia al tener que despedirme de un grupo de jóvenes quienes un par de días atrás eran tan solo unos desconocidos, creo que debe de ser la primera vez que me pasa. Inolvidable se torna esta experiencia que me hace crecer como pastoralista,  como estudiante de una licenciatura, como colombiano. Este era el impulso que necesitaba, la gasolina para el motor de mi vida.

Doy gracias a Dios y a la vida por la oportunidad de vivir esta experiencia, todos los momentos fueron únicos (incluso cuando todo parece que un compañero se tendrá que quedar con soldados por no llevar todos sus papeles). Si me preguntan cual fue el resultado de esta misión no les podría concluir mucho, pero espero que este pequeño escrito les de alguna idea clara.


Diego Andres Briceño Lopez 
Grupo Lazos ITC