Se da fin a una de las mejores experiencias que he tenido a lo largo de mi vida. Una experiencia donde se aprendió más de lo que se enseñó, donde personas con el corazón gigante como una región llena de San Pedro, donde su himno es un Bambuco y donde el acento no deja de ser reconocido, deja atrás el regionalismo y acogen con el mayor cariño a siete rolos que como Job el cual a pesar de los inconvenientes fueron a dar lo mejor de ellos para sacar una misión con la que se soñaba desde hace mucho.
¿Qué como me fue? ¿Qué quq hice? ¿Qué que enseñé? Fue una experiencia que en mi vida había realizado, tal vez por miedo tal vez por otras personas pero yo creo que todo tiene una hora, una fecha y un día de realización y creo que me llegó el día D. Ir a la tierra de la gran jarra de jugo Cholupa, de Chuchas, de desechos, de arepazos y de un puente colgante al que con seguridad pasa una moto y no se cae.
Aprendí más de lo que enseñé; más allá de Leyes de Newton, movimiento armónico simple, movimiento circular uniforme (Donde inexplicablemente me entendían más a mi que a un profesional de matemáticas y física que llevaba más de 20 años en la profesión) etc, me queda el amor por la tierra donde uno nace, el saber que uno mismo tiene que cuidar y defender a capa y espada la región que a uno lo ve nacer, que no se necesita vivir en una gran capital cosmopolita para tener todo lo que uno necesita y para ser feliz, las ganas de aprender y luchar por los sueños que uno tiene para su futuro, el ir paso a paso por el camino que Dios le tiene dispuesto a uno, la práctica de “Todo Lasallista es mi hermano” en un colegio enorme donde uno se pierde cuando busca la sala múltiple pero que al preguntar siempre van a tener la cálidez de dar indicaciones para llegar. Me queda en el alma un pedacito de cada una de esas personas con las que acompañé y me acompañaron.
Gracias Paulas, Lauras, Rosa, Dania, Chucho, Jonathan y todas las personas que estuvieron ahí por permitirme entender que la vida siempre se debe tomar por su lado lindo, que hay que luchar por los sueños, que el que persevera siempre alcanza, que no hay que ir en la vida como un ente que solo va y vuelve sino como alguien que deja huella, una huella en el corazón imborrable como me la dejaron ustedes.
Gracias Datil, Oscar, Aleja, Juancho, Diego y Ruben por darme la confianza de tener un equipo de trabajo excelente, por las risas en cada comida, por el parqués de las noches, por las cervezas tomadas, por los ridículos hechos, por las noches preparando clase. Un equipo como ustedes no se encuentra en cada misión y me siento tan feliz y tan lleno de que tuve la oportunidad de conocerlos un poquito más a cada uno de ustedes.
Gracias a Dios por permitirme vivir esta experiencia, por darme la sabiduría y el don de la palabra para poder llegar a ellos con un poco de física aún sabiendo que no me gusta y que a veces poco la entiendo, por permitirme conocer una hermosa región de Colombia que no conocía, las bellas tierras huilenses.
Finalmente se acaba esta hermosa misión lasallista académica y simplemente me queda por decir GRACIAS por hacerme crecer un poco más como persona y como Colombiano que soy, me llevo más de lo que dejó, y, que el luchar por los sueños no sea una obligación sino un anhelo que tengamos cada uno de nosotros para ayudar no solo a nuestras familias sino a nuestra tierra.
Muchachos sean la semilla que van plantando en el río de la vida, van a ver que siempre dará buenos frutos, siempre de la mano de Dios y para adelante.
Santiago Calvo Martinez
Grupo Lazos ITC