GIGANTE
No
era mi primera misión, pero sí la primera que afronto como tal. A lo mejor tuve
que pasar por experiencias no tan gratas pero que sí dejan un legado
importante, como se dice popularmente de los errores se aprende; y el universo
conspiro para en esta oportunidad reivindicarme como persona, como compañero de
misión y lo más importante: como pastoralista. Es extraño, pero después de más
de un año de ser parte del grupo Lazos, empiezo a entender lo que es pertenecer
a esta gran comunidad, mi verdadero rol en el grupo y lo más importante:
empiezo a darme cuenta lo mucho que tengo para aportar.
La
mejor manera de aprender es enseñar, me dijeron en alguna ocasión en clase de
la universidad; curioso es ir a dar unas sesiones de clase y que al finalizar
estas sesiones sentir que el que aprendió más fui yo. Estamos tan acostumbrados
a la vida monótona de la gran Bogotá que jamás le damos el verdadero valor a
las cosas que tenemos, aún me cuestiono sobre el sentido de pertenencia de los
bogotanos para con nuestra ciudad, para con nuestro país (vivimos en un mundo
aparte, nos encerramos en una burbuja, nos hacemos creer que los problemas del
país son de otros y que jamás nos van a afectar) tenemos todo tan servido en la
mano que no valoramos el esfuerzo que realizan las personas (nuestros padres)
para poder darnos lo que tenemos y aun así no nos basta pues siempre queremos
más. Aunque parezca increíble esto es tan solo un abre bocas de todo lo que me
queda de esta misión, y espero no se quede en palabras, espero desde este mismo
instante poder poner en practica todo lo aprendido.
Solo
me queda agradecer, primero, a mis compañeros de misión por permitirme ser
parte de esta inolvidable experiencia: Alejandra, Oscar, Daniel, Rubén, Juancho
y Santiago; sin todos ustedes todo esto hubiese sido diferente (y a lo mejor no
hubiese sido tan gratificante ni provechoso), gracias porque cada uno de
ustedes aporto su granito de arena para seguir este proceso como pastoralista
que, en mi caso, hasta ahora empieza. Segundo, agradecer a todos los
estudiantes de la Escuela Normal Superior de Gigante, quienes no solo se
abrieron con nosotros para aprender, sino que nos permitieron entrar un poco en
sus vidas, hacernos sentir importantes y que este trabajo realmente vale la
pena, mil gracias pues en primera medida son ustedes quienes me motivan a
seguir haciendo esta labor. Espero algo les haya quedado de todo lo que les dije
y haya logrado aportar a todos y cada uno de esos proyectos de vida.
No
recuerdo cuando fue la última vez que sentí nostalgia al tener que despedirme
de un grupo de jóvenes quienes un par de días atrás eran tan solo unos
desconocidos, creo que debe de ser la primera vez que me pasa. Inolvidable se
torna esta experiencia que me hace crecer como pastoralista, como estudiante de una licenciatura, como
colombiano. Este era el impulso que necesitaba, la gasolina para el motor de mi
vida.
Doy gracias a Dios y
a la vida por la oportunidad de vivir esta experiencia, todos los momentos
fueron únicos (incluso cuando todo parece que un compañero se tendrá que quedar
con soldados por no llevar todos sus papeles). Si me preguntan cual fue el
resultado de esta misión no les podría concluir mucho, pero espero que este
pequeño escrito les de alguna idea clara.
Diego Andres Briceño Lopez
Grupo Lazos ITC
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