jueves, 17 de julio de 2014

Una experiencia inolvidable

GIGANTE

Gigante, enorme experiencia la que acaba de finalizar, pero como todo lo bueno no dura para siempre…. No me acababa de subir al carro que me iba a llevar hasta Neiva, cuando ya me estaba bajando del taxi que me dejaba nuevamente en mi casa; una experiencia bastante corta pero sustanciosa. Sí, corta, hubiese querido que durara unos cuantos días más. Sí, sustanciosa, pero en poco tiempo me quedan muchísimas enseñanzas y momentos que hacen de esta una experiencia inolvidable.

No era mi primera misión, pero sí la primera que afronto como tal. A lo mejor tuve que pasar por experiencias no tan gratas pero que sí dejan un legado importante, como se dice popularmente de los errores se aprende; y el universo conspiro para en esta oportunidad reivindicarme como persona, como compañero de misión y lo más importante: como pastoralista. Es extraño, pero después de más de un año de ser parte del grupo Lazos, empiezo a entender lo que es pertenecer a esta gran comunidad, mi verdadero rol en el grupo y lo más importante: empiezo a darme cuenta lo mucho que tengo para aportar.

La mejor manera de aprender es enseñar, me dijeron en alguna ocasión en clase de la universidad; curioso es ir a dar unas sesiones de clase y que al finalizar estas sesiones sentir que el que aprendió más fui yo. Estamos tan acostumbrados a la vida monótona de la gran Bogotá que jamás le damos el verdadero valor a las cosas que tenemos, aún me cuestiono sobre el sentido de pertenencia de los bogotanos para con nuestra ciudad, para con nuestro país (vivimos en un mundo aparte, nos encerramos en una burbuja, nos hacemos creer que los problemas del país son de otros y que jamás nos van a afectar) tenemos todo tan servido en la mano que no valoramos el esfuerzo que realizan las personas (nuestros padres) para poder darnos lo que tenemos y aun así no nos basta pues siempre queremos más. Aunque parezca increíble esto es tan solo un abre bocas de todo lo que me queda de esta misión, y espero no se quede en palabras, espero desde este mismo instante poder poner en practica todo lo aprendido.

Solo me queda agradecer, primero, a mis compañeros de misión por permitirme ser parte de esta inolvidable experiencia: Alejandra, Oscar, Daniel, Rubén, Juancho y Santiago; sin todos ustedes todo esto hubiese sido diferente (y a lo mejor no hubiese sido tan gratificante ni provechoso), gracias porque cada uno de ustedes aporto su granito de arena para seguir este proceso como pastoralista que, en mi caso, hasta ahora empieza. Segundo, agradecer a todos los estudiantes de la Escuela Normal Superior de Gigante, quienes no solo se abrieron con nosotros para aprender, sino que nos permitieron entrar un poco en sus vidas, hacernos sentir importantes y que este trabajo realmente vale la pena, mil gracias pues en primera medida son ustedes quienes me motivan a seguir haciendo esta labor. Espero algo les haya quedado de todo lo que les dije y haya logrado aportar a todos y cada uno de esos proyectos de vida.

No recuerdo cuando fue la última vez que sentí nostalgia al tener que despedirme de un grupo de jóvenes quienes un par de días atrás eran tan solo unos desconocidos, creo que debe de ser la primera vez que me pasa. Inolvidable se torna esta experiencia que me hace crecer como pastoralista,  como estudiante de una licenciatura, como colombiano. Este era el impulso que necesitaba, la gasolina para el motor de mi vida.

Doy gracias a Dios y a la vida por la oportunidad de vivir esta experiencia, todos los momentos fueron únicos (incluso cuando todo parece que un compañero se tendrá que quedar con soldados por no llevar todos sus papeles). Si me preguntan cual fue el resultado de esta misión no les podría concluir mucho, pero espero que este pequeño escrito les de alguna idea clara.


Diego Andres Briceño Lopez 
Grupo Lazos ITC

No hay comentarios:

Publicar un comentario